La Hueste Forjainfernal encarna la filosofía marcial de los sirvientes de Hashut, para quienes la guerra y la conquista son cuestiones de cálculo. Los amos de los zigurats saben que hay que asegurar las reservas y que no se hace nada sin obtener un beneficio definitivo. Para ello despliegan bloques de fuerzas concisas pero letales para reclamar un recurso concreto o castigar a un enemigo elegido.
Iridan Testigo se ha propuesto preservar el recuerdo de los guerreros de las Cámaras de Perdición tal y como eran, antes de la pesadilla de la imperfección y la lenta degradación de sus almas. Mediante el poder de la rememoración y la fuerza demoledora de su poderío marcial, Iridan luchará por aquellos que lo han sacrificado todo en nombre del Dios Rey. Le acompaña en este sombrío viaje el Morrgrifo Ariax, una bestia mortal que cuenta con el favor del Cuervo Sombrío.
Los Lores Relictores, sumos sacerdotes de las legiones del Dios Rey, invocan las fulminantes energías de Azyr para aniquilar al enemigo o fortalecer a sus hermanos. Estos adustos campeones protegen las almas de los suyos y usan sus extraños poderes para guiarlas a salvo de regreso al Reino de los Cielos.
Los Lores Celestes son tácticos astutos, feroces luchadores y grandes líderes. Para los habitantes de los reinos, son la mano vengativa del firmamento que camina entre ellos; para sus guerreros, son señores que acarrean la inimaginable responsabilidad de elegir dónde sufrirán los suyos la siguiente muerte.
Tornus el Redimido es la prueba viviente de que hasta las almas más mancilladas pueden aspirar a la salvación. Antiguo devoto del Dios de la Plaga, sirve ahora a Sigmar con fe inquebrantable. Reforjado como Caballero Azyros, se ha dedicado a proporcionar ayuda a los atribulados guerreros de las Cámaras de Perdición. Como símbolo de esperanza y fe, porta un farol sagrado, que guía y cura a los justos pero abrasa los ojos de los enemigos de Sigmar.